martes, 25 de junio de 2013

Pensamientos desordenados.


Tengo diecinueve años, cambio de opinión seis veces al día y a veces ni siquiera soy capaz de aguantar la avalancha de pensamientos que me inundan la mente. Supongo que por eso escribo, para poder poner en orden mis propias convicciones.

Desde que nací he intentado adaptarme al mundo interiorizando sus roles y normas. Distinguiendo el bien del mal, lo correcto de lo incorrecto, lo aceptable de lo inaceptable… pero hace poco me di cuenta de lo peligroso que resulta someterlo todo a las normas de la regularidad. Estamos acostumbrados a encasillarlo todo en cajones previamente establecidos, a dar pasos sobre huellas ya marcadas.

Actuamos intentando controlar todo lo que ocurre a nuestro alrededor, como si todo fuese estable cuando ni siquiera el mundo en el que vivimos lo es. No te bañarás dos veces en el mismo rio, decía nuestro amigo Heráclito, y así es. Todo está en continuo cambio y evolución, aunque nos esforcemos en establecer patrones de respuesta ante cada situación que se nos presente.



Desde hace tiempo mi única obsesión es hacer de mi misma una persona lo suficientemente grande como para aportar algo valioso al mundo. Y por ello he medido cada uno de los pasos que he dado, decidiendo a conciencia los caminos que debía tomar.

Sin embargo nunca tuve en cuenta aquellas decisiones que no tomamos por nosotros mismos, aquellas cosas que llegaron por sorpresa y nos partieron los esquemas, aquellos pasos que dimos en falso o aquellas caídas que nos hicieron darnos de bruces contra el suelo. Cuando me enfrentaba a algo así tenía la sensación de que eran piedras en el camino, obstáculos que me dificultaban las cosas y me impedían avanzar. Hasta que en una de esas te das cuenta de que el suelo también te da otra perspectiva de las cosas, lo que antes veías desde arriba ahora lo ves desde abajo y las cosas cambian. No son pasos en falso, son pasos equivocados que te enseñaron a entender que sencillamente ese no era el camino. Sin más.

He tenido el peso del fracaso en cada error que he cometido, sin pensar que cada uno de esos errores me ha enseñado más que las diez victorias anteriores. Y que, como alguien me dijo alguna vez, el éxito solo es una acumulación de fracasos.

Porque a veces nos encerramos en paraísos mentales, por el mero hecho de que son más fáciles de asumir, hasta el punto de que en algún momento acabamos tragando arena. Pero cada experiencia siempre guarda algo de valor, que interiorizado de una forma correcta nos puede ayudar a hacernos cada día más grandes. Porque un león ruge más fuerte herido…  y porque caernos al suelo nos puede permitir impulsarnos con más fuerza.


Y es que a veces es necesario perderse para poder encontrarse.

domingo, 5 de mayo de 2013

Los abuelos de la democracia.



La palabra Crisis es probablemente la más buscada en Google en los últimos años, y si no lo fuera podría manipular fácilmente alguna estadística para que así lo pensaseis. Al fin y al cabo nos lo hacen continuamente.
A mi parecer lo más preocupante de la situación actual no es la crisis en aspectos económicos, sino la crisis de identidad.

Durante decenas de años, nuestro país se ha ido librando de todos los sistemas represores que sometían a los ciudadanos y de esta forma nuestra sociedad ha ido evolucionando, liberando a las personas  y creando un Estado de Derecho que velaba por las necesidades humanas.
Sin embargo, aquel mes de julio de 1936 la barbarie se ponía sus botas de acero para pisar cualquier resquicio de progreso. Desde entonces el panorama español solo fue a peor, dando lugar a la mayor masacre que ha vivido nuestro país.

Años más tarde llegó la transición y con ella “los hijos de la democracia”.
Y ahí nos quedamos. En el año 75. Poniendo ocasionalmente parches a los grandes descosidos, pero permaneciendo anclados a aquel entonces, sin pararnos a pensar en que aquellos hijos de la democracia son ya nuestros padres.

Y aquí estamos nosotros, llamando democracia a un sistema que nos permite votar una vez cada cuatro años a unos grupos de representación ciudadana con unas listas preestablecidas que  se ampara en una Constitución de hace treintaicinco años, en el mejor de los casos.

Siendo testigos de cómo seis millones de personas están en paro, de cómo sacan a la fuerza a cientos de familias de sus casas porque no pueden pagar la hipoteca, de cómo nos recortan millones de euros en servicios de primera necesidad como la educación o la sanidad para rescatar a la Banca. De cómo la mano invisible de Adam Smith aprovecha la coyuntura económica y social para desproteger los derechos del trabajador; o de cómo nuestro presidente se esconde tras un cristal para dar ruedas de prensa en las que ni siquiera se aceptan las preguntas de los periodistas.

Ante esta situación  es completamente lógico que nuestro país atraviese esta crisis de identidad, cuando las propias personas que lo habitamos somos irrelevantes para cualquier tipo de decisión que nos concierne. ¿Qué es un país sin sus ciudadanos?


Por muchas nauseas que me provoquen las gaviotas del PP, no puedo señalarlas como causantes de la falta de humanidad que hoy dirige nuestras políticas. La situación actual es el resultado de un sistema obsoleto que no hace más que ocasionar problemas. El capitalismo tal y como lo conocemos es una maquinaria totalmente oxidada haciendo saltar chispas que ya prenden fuego a muchos de nuestros Derechos Humanos. Este sistema nos sirvió de gran ayuda y propició numerosos avances científicos y tecnológicos, pero a día de hoy está muerto.

Todo aquello en lo que creíamos se ha desmoronado, ocasionando una nube de polvo que no nos deja ver quien somos. Pero es por eso mismo por lo que considero que ha llegado el momento de hacer brotar algo nuevo, de dar un paso más en nuestra Historia y de dejar de ser los nietos de la democracia para convertirnos en los padres de una nueva revolución.





lunes, 22 de abril de 2013

Con olor a pólvora.




A lo largo de milenios, desde Grecia, la humanidad ha progresado técnicamente de una manera fabulosa, pero en cambio seguimos matándonos los unos a los otros en guerras y sin saber aprender a vivir tranquilamente juntos.

Así colmaba Sampedro el minuto 42 en la entrevista de Jordi Evole para Salvados, y yo en mi sofá asentía con la cabeza, como si quisiera agradecerle que soltara aquellas palabras que desde hacía tiempo me rondaban en la conciencia. Como si mis afirmaciones tuvieran más razón en boca de otra persona.


Abandonamos las cuevas, nos concentramos en grupos sociales, establecimos roles jerárquicos, desarrollamos planes de abastecimiento, diseñamos ciudades;  inventamos el comercio, complicados sistemas burocráticos, la democracia de representación política…

Hemos dado nombre a maravillas como la música, la literatura, la pintura, la escultura, la danza… hemos sido compañeros de genios que sacaban de su mente autenticas obras de arte de la talla de Mozart, Van Gogh, Da Vinci o  Cervantes.

Dimos cura a miles de enfermedades hasta alargar nuestra esperanza de vida a cien años, viajamos a la Luna, inventamos la bombilla, la imprenta, el microchip y hasta el puto acelerador de partículas.


El ser humano es el animal que más ha progresado a lo largo de la historia y sin embargo seguimos recurriendo a métodos prehistóricos para resolver nuestros conflictos. Y pero aun, ya que no es con piedras con lo que luchamos, sino bombas y tanques.

¿Cómo es posible que la misma especie que compuso El lago de los cisnes acabe con la vida de millones de personas por criterios económicos?

Desde el día en que aprendí a hablar, que por otro lado fue el más importante de mi vida, observo todo lo que me rodea con ojos de búho, preguntándome hasta el más mísero detalle de mi existencia. Y aun no encuentro lógica alguna a que nos sigamos matando los unos a los otros por petróleo, en lugar de invertir en energías renovables. 



¿Realmente posee nuestra especie tal desequilibrio mental? ¿o por el contrario es el Poder el que embriaga las conciencias hasta reducir el sentido de la moral a la altura del betún? ¿Estamos condenados a que nuestro instinto animal nos domine eternamente? ¿Es la ambición y la codicia como parte de nuestra naturaleza la que nos ciega? ¿o se trata de una más de las consecuencias de dirigir el mundo siguiendo el criterio de la rentabilidad económica?


miércoles, 20 de febrero de 2013

Despierta.



Hace demasiado tiempo que no escribo, será que mi inspiración está hibernando o tal vez solo algo aturdida. Desde luego no sería nada extraño pensar que así lo fuera, en los tiempos que corren lo raro  es estar despejado. Yo por mi parte resisto a esta nube de desencanto e intento seguir fiel a mi espíritu idealista, pero la realidad me golpea quitándome las ganas de creer en algo mejor.
Mi receta para los males que acechan al país eran más viables en mi cabeza que en su hipotética implantación en la sociedad.

Desde que tengo uso de reflexión, que por otro lado no es desde hace mucho, defiendo que la base de la que debemos partir es la educación. La educación es para mi el pilar más fuerte en el que debe sustentarse una sociedad, entendiéndola como un conjunto que alberga mucho más territorio que el meramente académico. La educación no son las matriculas de honor, ni los modales, ni saber resolver problemas matemáticos. La educación es la formación de las conciencias, lo único que puede liberarnos y consolidar una sociedad unida.

Entiendo que es absolutamente necesario que se impartan clases sobre historia, filosofía, literatura, arte, biología… necesitamos saber qué somos y de dónde venimos, sin embargo considero que todo eso se queda corto si no integramos otros factores. La educación tiene la obligación de formar personas cualificadas, con un espíritu de crítica capaz de enfrentarse a la realidad y tomar sus propias decisiones, y por el contrario tengo la sensación de que  tan solo nos preparan para ser un eslabón más de la cadena productiva.

Sin embargo se me escapaba otro pilar absolutamente determinante: la comunicación.

Los medios de comunicación contribuyen a legitimar el efecto de alienación de una forma más que evidente, ya que estos no reflejan la realidad, sino que la construyen.

El sistema mediático español está doblemente privatizado por el poder político y el poder comercial, provocando un empobrecimiento del propio sistema y la decadencia de la función informativa.  Para comprender cómo funciona en la actualidad debemos citar en primer lugar  la innegable carga negativa que la dictadura ejerció en el periodismo nacional, así como la fractura ideológica que se dio durante la posguerra dando lugar a una acusada división de ideales  y a un paralelismo político que continua hasta hoy.




El fuerte papel de los partidos políticos favorece el paralelismo citado, además de originar un periodismo sumamente polarizado en el que cada medio se alinea con una ideología.
Esto se observa fácilmente en la prensa escrita, en la que encontramos diversos enfoques de una misma noticia dependiendo del diario en el que aparezca.

Apoyándome en un análisis que realiza Díaz Nosty sobre el sistema de medios español, que sintetiza en  El déficit democrático, puedo afirmar  que el poder de los propietarios de los medios los hace propietarios también de la libertad de expresión.

La posición de poder de los propietarios interviene directamente en los contenidos de los medios, rigiéndose por el criterio de rentabilidad económica y por tanto guiándose por el nivel de audiencia. En este sentido, los contenidos están dirigidos al entretenimiento, dejando a un lado el interés por la actualidad.



Como si de un movimiento en cadena se tratase, este hecho desencadena un fenómeno mayor. Al crear una sociedad desinformada se constituye una opinión pública más manipulable y vulnerable a los intereses políticos.  Y aunque nos quieran dar a entender que ocurre al azar, lo cierto es que responde a una estrategia planificada.

En un mundo en el que la información es la única baza con la que cuenta el pueblo, la potestad de gestionarla desde las altas esferas es crucial para el desarrollo de la nación.





En este marco educativo ¿cómo podemos creer en un avance social, si la sociedad está cada vez más sometida al propio sistema y las únicas armas con las que cuenta el pueblo se ven apagadas con gases lacrimógenos y pelotas de goma?



domingo, 11 de noviembre de 2012

Una utopía necesaria.



Tengo dieciocho años, nací en un país del primer mundo, en una familia de clase media. Jamás me faltó un regalo el día de mi cumpleaños ni zapatos nuevos cada invierno. He disfrutado del estado del bienestar y me siento una gran privilegiada.
Pero el estado del bienestar no es más que otra gran  mentira. Hemos creado un mundo absolutamente insostenible. Un mundo en el que la obsesión por el consumo ha anulado completamente nuestra esencia natural y nos ha impulsado a creer en valores falsos tales como la apariencia, el prestigio, la ambición, el poder…

Desde que nacemos nos venden este mundo como un juego en el que podrás triunfar por tus propios medios con una única condición: tan solo serás un peón más absolutamente prescindible. Y lo aceptamos sin discusión.
Vivo en un Estado de derecho en el que los bancos son rescatados con dinero público, las personas se suicidan por no poder llegar a fin de mes y familias enteras se ven en la calle de la noche a la mañana sin tener a donde ir. Las matriculas de las universidades públicas cuestan más de mil euros, la mayor parte de la prensa está direccionada y ante una situación de crisis el Gobierno actúa recortando en sanidad, educación, en salarios y en pensiones.

No soy economista y no tengo ni idea de política, pero no alcanzo a comprender en qué momento la humanidad aceptó convertirse en un mero número.

Sobran motivos para afirmar que este sistema es absolutamente inviable, pero seguimos creyendo que es una utopía construir un mundo mejor.

Un mundo en el que a través de la educación se enseñaran valores reales tales como la igualdad, la solidaridad, el respeto y la humildad. Un mundo que se sostuviese por un interés de compromiso con el planeta. Un mundo que velara por el bien común, por la satisfacción de los ciudadanos. En el que no existieran ejércitos y ni estrategias de ataque o defensa. En el que la policía hiciera honor a sus placas y dieran ejemplo de conciliación pacífica. En el que no existieran los paraísos fiscales ni la pena de muerte, en el que traer a una persona al mundo no fuese decisión de ningún político. En el que el desarrollo de la economía no implicase ninguna devastación ambiental y en el que jamás se viera una fortuna, si una sola persona debe morir por ello.



Pero lo cierto es que también se consideraba una utopía salir de la esclavitud y se consiguió. Se consideraba una utopía salir del feudalismo y se logró. Se consideraba una utopía acabar con las nefastas condiciones de vida de la clase obrera y se alcanzó.

Será porque soy demasiado joven o demasiado idealista. Será porque aun no me ha dado tiempo a perder la esperanza ni a dejar de luchar. Será porque las ganas vivir me hacen amar este mundo y eso me hace creer que se merece algo mejor.
Será por eso por lo que defiendo que las utopías son necesarias.

Y será por eso por lo que considero que el día en el que deje de ser una utopía, me sentiré orgullosa de llevar una bandera o de cantar un himno.






sábado, 29 de septiembre de 2012

25s


En un Estado ahogado en el descrédito financiero y político, el pueblo español se levanta en busca de justicia.
El Gobierno al otro lado de la frontera nos envía a sus sicarios.




DEMOCRACIA REAL YA

sábado, 8 de septiembre de 2012

Frágiles.





Desde que nacemos el ser humano tiene una necesidad que prima sobre el resto, la necesidad de seguridad. Apenas llegas al mundo reconoces a dos personas fundamentales: tus padres. Ningunos brazos serán iguales, da igual que llores de frio, de hambre o de sueño, solo sus brazos pueden calmarte.

Con forme vas creciendo ellos se convierten en dos fuertes infranqueables que velan  para que nunca te sientas sola o insegura. Solo eres una niña, los adultos están para protegerte y asegurarse de que no te falte nada. Ellos saben lo que hacen, tu solo tienes que preocuparte de seguir sus pautas. No existe el miedo a la soledad o al abandono, no hay decepción ni frustraciones.


Pero inevitablemente creces y la realidad comienza a golpearte en la cara. Tus padres siguen estando ahí pero ya no te transmiten esa seguridad incondicional. Ahora la adulta eres tú.
Ahora tus actos tienen consecuencias, las decisiones que tomas pueden volverse en tu contra y solo tú estarás ahí para encajar los golpes.  No sabes cómo enfrentarte a las situaciones que se te plantean y continuamente te inundan esas ganas de salir corriendo hacia alguna parte.

Necesitas recobrar la sensación de estabilidad e inconscientemente  comienzas a buscarla en otra persona, en una pareja. De acuerdo con esto, yo siempre he sido muy partidaria de la teoría de Freud y su complejo de Edipo;  en el que  defiende que el ser humano siempre tiende a buscar en una pareja patrones que se aproximen a los de nuestros padres.


Entonces  aparece él. Colocándote  en un lugar privilegiado, en una prioridad en la que solo estás tú. Y recuperas esa  sensación de paz, solo su pecho  puede dártela. Te devuelve a ese espacio mental en el que nada puede perturbarte; el está contigo y nada malo puede pasarte. El miedo desaparece y tienes la convicción de que él daría su vida por ti sin dudarlo un segundo, del mismo modo que lo haría tu padre cuando tenias cinco años.

Supongo que por eso, después de un desastre amoroso,  todas las inseguridades vuelven de golpe haciéndote más frágil que nunca. Tu mundo estable se desploma y el equilibrio de tu vida se esfuma. El puente de seguridad que te proporcionaba esa persona se quiebra, dejándote a ti al otro lado, haciéndote sentir como ese bebé vulnerable que solo extraña los brazos de su madre.

La necesidad de seguridad es algo que heredamos desde que nacemos y que convive con nosotros hasta el día en que dejamos de existir, lo que implica que ese bebé no es más frágil que sus padres, sino que simplemente ellos han tenido más tiempo para aprender a combatir su propia inseguridad.

sábado, 14 de julio de 2012

Piezas.



“La autentica valentía reside en ser independiente”


Siempre ha habido algo que me ha angustiado, desde que llegue al instituto hasta no hace mucho. Encajar en algún lugar. Ser aceptada por un grupo de gente para mantener tu autoestima a flote y tener una mayor sensación de seguridad, para que tus rarezas pasen desapercibidas.  Sin embargo, en ese camino por encontrar mi sitio me he tropezado muchas veces, acusándome a mi misma de ser la pieza que no encaja en ningún puzle. Una pieza demasiado rígida quizás para adaptarse o para dejar que la moldeen.

Conforme iba creciendo me daba cuenta de que cada puzle al que quería pertenecer era aun más superficial que el anterior, más contrario a mi. Hasta comprender que ni siquiera la autentica amistad residía en ellos; sus intereses comunes se basaban en guardar una apariencia externa, una imagen impoluta que aumentara esa sensación de seguridad o incluso de superioridad con respecto a los demás.
Analizándolos de cerca me hice consciente de que todos tienen algo en común: la pieza base. Una pieza con forma definida e inmutable a la cual intentarán adaptarse las demás, cambiando sus propias formas para lograr encajar a la perfección. Esas piezas secundarias son las que más me han llamado la atención siempre. Pierden completamente su esencia y  su personalidad para conseguir formar parte del conjunto, pero ¿realmente merece la pena?



Todo este tiempo he creído que si, “debes formar parte de algo para tener una buena imagen” “debes adaptarte al resto”. Y sin darme cuenta era yo misma la que me ponía la piedra que me impedía avanzar; aparentando algo que no eres no puedes encontrar a gente que sea como tu, sencillamente es contradictorio.

Siempre me he dejado llevar por el miedo al ¿qué dirán? Convirtiéndome en una persona  más superficial que las que yo misma critico. Me he reprochado en cada momento ser esa pieza demasiado diferente, por tener una personalidad demasiado natural, unos principios demasiado definidos y unas ideas demasiado claras. Hasta que hay algo que te hace abrir los ojos para darte cuenta de que simplemente estabas buscando en la dirección equivocada.


He conocido a personas maravillosas  por caminos muy diferentes, que cada día me aportan algo distinto y que se que conservaré toda la vida. Personas independientes y autenticas.  No tiene sentido pretender cambiarse a uno mismo para pertenecer a una masa homogénea si encima no tiene nada en común contigo.




Dicen que un leopardo no puede cambiar sus manchas. Yo creo que si lo intentase, no solo estaría siendo absurdo, sino que estaría renunciando a lo más bello de si mismo.

Como dijo Coco Channel, “para ser irremplazable hay que ser diferente”




viernes, 20 de abril de 2012

Extraordinario.


Llega un momento en la vida en el que te das cuenta de que algo ha cambiado, tu mente ha ido evolucionando hasta el punto de percatarse de que tu madurez comienza  a parecerse a la felicidad.

Empiezas a tomar todas las cualidades que tenias desde siempre y las ordenas, dándole forma, convirtiéndolas en la esencia que te hace especial.

Abandonas tu rebeldía y la cambias por sentarte a charlar con tus padres o dejas de pelearte a gritos con los profesores para conseguir dejarlos sin palabras con un par de frases coherentes.


Te creas una visión global del mundo que te rodea y comienzas a sentirte parte de él, como una pieza más o simplemente como una voz que tiene algo que decir al respecto.

Observas la realidad y sabes seleccionarla, separar lo verdadero de lo insustancial, lo relevante de lo superfluo. Aprendes a alejarte de la apariencia y pruebas el autentico sabor de sentirte uno mismo.

Dejas de ser esclava de la superficialidad del mundo exterior y utilizas lo que te rodea en tu propio enriquecimiento, haciéndote cada vez más grande.

Sustituyes el espacio que te ocupaba odiar a alguien y lo aprovechas para amar más a otra persona. Estas a otro nivel. No superior ni inferior, sino simplemente en otro plano distinto, en el que ese alguien no tienen lugar.

Vas andando por la calle y te das cuenta de que valoras las carcajadas de un niño, el placer de leer un libro, la alegría que te hace sentir ver a esa pareja jugando o encontrarte en el mismo sitio al viejecillo que sale a comprar el pan todas las mañanas. Detalles. Escenas ajenas a ti que comienzan a calarte, durante pocos segundos, 
pero que sorprendentemente hacen que te sientas bien.


Evolucionas  hasta percatarte de que ahí está. Eso es lo único importante. Lo verdaderamente extraordinario está dentro de ti, en las cosas que captas, en las situaciones que haces tuyas , en los momentos que te marcan y en las frases que grabas en tu mente para siempre.  



Y solo por eso  merece la pena vivir.










jueves, 16 de febrero de 2012

Muévete.


Cuando tenía 8 años soñaba con cambiar el mundo. No sabía exactamente cómo ni por qué, pero sabía algo fallaba .Mientras yo tenía la casa de muñecas más grande de la tienda otros niños vivían en chozas, y mientras yo almorzaba todos los domingos en Mc Donals ellos morían de hambre. 


No conseguía comprender como eso era posible ¿Quién era el monstruo que se comía su comida?  Diez años más tarde he logrado descubrirlo, es un monstruo insaciable, fue arrasando con todo lo que encontraba a su paso. Se comió los montes para edificar hoteles de lujo, despellejó y extinguió especies para comercial con sus pieles, devoró culturas para imponer sus Imperios… Todo tenía un precio.


Pero para todo ello era imprescindible comerse primero a las personas. Anular sus mentes, conducirlas y dirigir sus miradas hacia otro lugar. Convencerlas de que son las herramientas que el necesita, meras maquinas con el tiempo justo para trabajar lo máximo posible, dormir lo necesario e invertir el tiempo libre en ver  los anuncios de los productos que deben comprar para que todo el sistema funcione.

Era un mecanismo simple. Para que unos pocos fuesen  ricos era necesario que el resto fueran pobres. Y esos pocos estaban dispuestos a hacer lo que fuera para que  siguiera siendo así. Estaban dispuestos a la destrucción, a la masacre, a levantar un ejército contra su propio pueblo, a la esclavitud, a la cesura, al silencio…



Aquellos valientes que descubrieron al monstruo sintieron la necesidad de luchar por una realidad más justa. Aquellos que se salieron del rebaño y se dieron cuenta de que un cheque jamás sería más importante que una persona se levantaron. Se levantaron y volvieron a caer. Pero no cayeron  en un valle, sino en fosas comunes.


Era importantísimo que el sistema fuese infranqueable, inaccesible. Y para asegurarse de ello era esencial comerse otra cosa… la memoria. Hacer recordar solo la parte que le interesaba y dejar la otra en el olvido. Poner barreras para que la población no perteneciente a la elite no llegara a alcanzar los conocimientos suficientes para cuestionarlo.


No en vano, a aquellas personas que intentan olvidar, aquellas que arriesgaron sus vidas por que sus hijos vieran un futuro con esperanza son a las que le debemos todos los derechos con los que contamos hoy. Aunque se empeñen en hacernos retroceder y nos obliguen a desalojar las manifestaciones amablemente a golpe de porra.


Diez años después he descubierto al monstruo, y he comprendido  que gente que con 8 años soñaba con cambiar el mundo, será la responsable de que un día deje de ser un sueño.

domingo, 15 de enero de 2012

Qué es la sublimación.


Según Freud la sublimación se desarrolla a partir de nuestras insatisfacciones libidinales, es decir, de nuestros deseos sexuales.
El filosofo considera en su teoría que ese hueco que nos provoca dicha insatisfacción lo cubrimos con los logros personales que alcanzamos mediante nuestra creatividad. Es decir, utilizando esa energía causada por la frustración como medio para alcanzar la sublimación. Sin embargo, esto solo sería una consecuencia involuntaria de nuestros actos y no una meta preestablecida ya que nuestro objetivo real sería llenar el vacío que nos provoca nuestro ámbito sexual.
Con esta teoría Freud quería darnos a entender que la felicidad que nos dan nuestros logros personales es la consecuencia de la infelicidad parcial que sufrimos a causa de nuestra insatisfacción sexual.
De acuerdo con su pensamiento, el filósofo plantea la felicidad plena en el ámbito sexual como una utopía y una realidad inalcanzable.
Pero si nos planteáramos que esto fuera falso y mantuviésemos la teoría de Freud ¿Cómo afectaría a la sociedad? Si sintiésemos satisfecha nuestra libido no necesitaríamos cubrir ese vacío y por lo tanto la creatividad dejaría de formar parte de nuestra vida.
Probablemente desde nuestra posición no lleguemos a advertir los efectos que esto tendría en la sociedad; pero si trasladamos la hipótesis y la llevamos al extremo nos planteamos las siguientes incógnitas:¿Dónde quedaría el arte?¿las obras literarias?¿el cine?¿la investigación? En otras palabras ¿dejaría de existir la sublimación?
El psicoanalista Otto Fenichel toma esta teoría y la modifica basándose en relaciones establecidas entre la creatividad adulta y los juegos de niños.
Para este, la insatisfacción libidinal no es la única que causa la sublimación; sino el conjunto de insatisfacciones que se nos presentan a lo largo de la vida. De este modo, da mayor veracidad a la teoría, ya que en este caso sí se plantearía como imposible la situación de sentirnos realizados en todos los ámbitos de nuestra vida.

domingo, 1 de enero de 2012

Feliz 2012


Se acaba 2011 y como en todos los fines de año nos hacemos una lista mental de todas las cosas que nos gustaría mejorar, aquellos parches para los errores cometidos o los deseos mas profundos para el nuevo año.

 Pero cuando me pongo a pensar en ello, creo que ni yo misma soy consciente de lo duro que será este año para mi.
Será un año nuevo en muchos aspectos, un año en el que al mirar al alrededor lo vea todo diferente, todo habrá cambiado, será un año en el que o nadas a contracorriente o te lleva la marea. Será un año de superación, de sacar todo lo que tengo dentro y luchar sin permitirme el cansancio. Será el año de crecer, de madurar, de hacerme fuerte, de encontrarme a mi misma y de demostrarme que sí, yo puedo sola.

Vendrá el estrés de las clases y él no estará, vendrán los exámenes finales y él no estará, vendrá la selectividad y él no estará… Pasará todo el verano y tendré que enfrentarme a la universidad, a unas clases nuevas, a vivir en una ciudad nueva, a compartir piso con gente nueva… 

Y en esos momentos en los que sienta que soy incapaz, no valdrá descolgar el teléfono y llamarlo, ni se presentara en casa para darme animo, ni siquiera me mandará un sms diciendo:”eh! tranquila mi niña, estoy contigo, todo saldrá bien”.

Pero en esos momentos en los que sienta terror al vació, tendré que confiar en que cuando de un paso a delante, a pesar de mi miedo, comenzarán a desplegarse mis alas.
Y tendré que convencerme de que debajo de muchos de mis miedos más profundos, no existirá  una incapacidad real para enfrentarme a ellos, sino la convicción de que soy incapaz. Y será así como iré creciendo.

Porque solo vamos a vivir una vez, y el miedo no es lo suficientemente fuerte para hacernos caer. Porque las adversidades solo son una forma de hacer el camino más interesante y porque los problemas solo son la prueba que te dirá:” ¿ves como podías?”. Porque una persona es tan grande como se proponga serlo y porque no hay nada en la faz de la Tierra que pueda con la voluntad y la confianza en uno mismo. Porque solo se trata de apretar los dientes, coger aire, fijarte un punto fijo y decir: “No existe gravedad capaz de hacerme caer”. Porque cuanto mas duro sea el combate, mayor será la victoria.

Se acaba 2011 y como en todos los fines de año nos hacemos una lista mental de todas las cosas que nos gustaría mejorar, aquellos parches para los errores cometidos o los deseos mas profundos para el nuevo año.

Pero cuando me pongo a pensar en ello, creo que ni yo misma soy consciente de lo duro que será este año para mí.
Habrá que echarle un poquito de huevos ¿no?


Feliz año a todos.

martes, 20 de diciembre de 2011

"Los Girasoles Ciegos"



El leer "Los girasoles ciegos" ha hecho brotar en mi un sin fin de sentimientos,desde la rabia,la impotencia y la tristeza,hasta la esperanza de saber que al recomendarnos estos libros nos animan a no olvidar algo que dejó tanto dolor entre nosotros.

Más allá de los ideales que cada cual poseamos,creo que debería ser común el sentimiento de pérdida y derrota ante los hechos que con la guerra y la posguerra se sucedieron.
Yo no creo en los caídos por España,solo creo en muertes que se contaron por miles y en infinidad de familias destrozadas.
No creo en el orden militar,sino en el miedo.Miedo que salía por cada poro de la piel,en las miradas inquietas,en los
suspiros contenidos y en el terror que producía incluso pronunciar un pensamiento para uno mismo.
No creo en el desarrollo de España,sino en tiempos de hambre y pobreza.

Yo he tenido la suerte de vivir en una época muy diferente.Pero eso no me hace insensible a las atrocidades que se cometieron.Y aun no logro entender que le ocurrió al mundo para que desde los nazis en Alemania o los fascistas italianos se colara en España el mismo sentimiento de que la vida humana no valía nada.
Las personas ya no eran personas, carecían de pensamiento y por tanto de identidad.
En cualquier momento podían entrar en tu casa y llevarse  a tu padre,a tu hijo o al amor de tu vida.Juzgarlo por creer demasiado alto en la libertad y pasar a formar parte de una fila de condenados y posteriormente de una fosa común.Lugar donde se enterraron miles de ilusiones,de sueños,de talentos,de planes de futuro y de recuerdos de tiempos mejores.

No alcanzo a imaginar el horror que debía suponer que para defender tus ideales tuvieras que desear la muerte al que pensara contrario a ti.Tal y como se expresa en el libro "Matar o morir".
Y aun menos me imagino a aquellos que ,carentes de una mayor ideología que la de poder vivir para alimentar a sus familias,fueron obligados a asesinar a sus opuestos,a los que ni siquiera podría llamárseles de este modo.

La guerra civil y la posterior dictadura tiñeron la sociedad española del color de la represión,la cesura y las almas rotas.Del color del miedo.

Miedo cuyo rastro débilmente perdura hasta hoy.
No hace mucho tiempo el juez Garzón pidió que se permitiese abrir las fosas comunes para destapar la verdad y dar la oportunidad a los familiares de velar por sus fallecidos en un lugar digno.
No solo esta medida no fue aprobada sino que se tomaron duras represalias contra este juez.

No podemos permitir que el miedo siga impidiéndonos demostrar la verdad.No para abrir las heridas ni alimentar el rencor,sino para hacer madurar a la sociedad;ya que solo recordando y haciendo saber a las nuevas generaciones lo que pasó, podrá evitarse que vuelva a ocurrir en el futuro.
Desde siempre el ser humano se ha servido de la violencia y la barbarie para imponer su voluntad sobre la del resto.Prueba de ello son los múltiples conflictos que inundan los medios de comunicación.

Es por esto por lo que debemos defender la fuerza del diálogo,el Estado de Derecho y el Régimen Democrático,para que la voz de la población civil sea siempre el poder supremo.

jueves, 8 de diciembre de 2011

Yo tengo un ángel.


Como cada año, tu imagen vuelve a mí. No más que un día cualquiera ni de una forma diferente.
Después de tres años tengo la impresión de que han pasado treinta.
Recuerdo nuestros juegos y nuestras risas como algo inmensamente lejano. Aún cuando voy por la calle recuerdo algunas de nuestras canciones, o de nuestros chistes. Algunos lugares están marcados, lugares que recorrí llorando una y otra vez y que ahora solo me hacen sonreír.

La gente suele decirte que cuando te pasa algo tan horrible hace que te hagas más fuerte. Sinceramente no creo que sea del tipo de persona que crece a base de palos en la vida.
Estoy convencida de que si se me volviese a morir mi mejor amigo, mi mundo volvería a derrumbarse. 
No creo que reaccionara de forma diferente.
Pero eso es imposible, porque nadie ocupo tu lugar cuando te fuiste. No he encontrado a nadie que anteponga una amistad a los sentimientos que guarde detrás. No he vuelto a encontrar a nadie que anteponga mi felicidad a la suya propia. Porque tu querías que estuviese con él, aun sabiendo que no podrías soportarlo. Y lo conseguiste.

Para la cabeza de una niña de catorce años es imposible asimilar que un segundo cambie tantas vidas de golpe. Algo tan insignificante como un segundo hace que te sientas inmensamente impotente.
Si para una niña de catorce años es difícil, para alguien tan escéptica y racional como yo lo fue mucho más.
Yo no creía a la gente cuando me consolaba hablándome del cielo, de un lugar mejor o de que volvería a verte.
Por más que me esforzaba siempre me ganaba la razón. Supongo que es uno de los inconvenientes que tiene estar en contra de la religión; que por mucho que lo intentes no consigues creer en dios.

Pero cuando pasa el tiempo y ves que el mundo no se detiene por nada ni por nadie, no queda otro remedio que seguir adelante.

En tres años la evolución de la cabeza de una niña de catorce se multiplica por cien. En mi caso fue por un millón.
Estoy segura de que si volvieses ahora y me escucharas hablar no sabrás ni quien soy.

Después de todo este tiempo he entendido que los ángeles no tienen alas, que el cielo sigue sin existir y que probablemente no vuelva a verte jamás. Pero ya no me importa, porque después de todo este tiempo he entendido que nunca te has ido, que has estado dentro de mí, en mi cabeza, en mi manera de actuar. Porque cuando una persona te llega de verdad toca algo en tu cerebro. Te quedas con pequeñas cosas de esa persona que pasan a ser tuyas. Momentos en los que aprendiste algo, situaciones que te hicieron pensar, manías que te hicieron reír…
Son pedacitos de esa persona que adoptas casi sin darte cuenta y forman parte de ti. Apareciendo en cualquier momento, en un refrán que se te escapa o en alguna frase que solía decir.

Porque los ángeles están por encima de cualquier magnitud de espacio o tiempo y porque hay sentimientos que te unen a otras personas que están por encima de cualquier distancia por infinita que parezca o llegue a ser.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

El destino siempre nos guarda lo mejor.


Tenemos la costumbre de querer controlar por todos los medios las cosas que pasan a nuestro alrededor, las manipulamos para que ocurran tal o como nosotros las hemos soñado, repasamos una y mil veces las posibles situaciones que podrían plantearse en el caso hipotético de que algo ocurriera o dejara de ocurrir. Nos empeñamos en dejar todos los cabos atados y bien atados, pero resulta que siempre hay alguno que se nos escapa, algún pequeño matiz de esa larga cadena de sucesos que nos hemos imaginado, con total seguridad va a variar de nuestras expectativas, alterando por completo el resultado que habíamos determinado en nuestra cabeza.

Si hasta nuestro estado de ánimo, el tiempo o las circunstancias que nos rodean hacen que nos comportemos de manera diferente y a veces incluso nos sorprendemos a nosotros mismos ¿Cómo vamos a pretender llegar a acertar la reacción de otra persona sobre una situación hipotética que ni siquiera se ha planteado?

Son tan minúsculos los infinitos detalles que se nos escapan, que es prácticamente imposible advertirlos, pero simultáneamente son tan infinitos los minúsculos detalles que se nos escapan, que es totalmente imposible adivinar en las magnitudes en las que alteran el resultado esperado.

Después de tanto tiempo dándole vueltas y vueltas a la cabeza, intentando llegar a conclusiones que en la mayoría de los casos han estado equivocadas, llegas a la conclusión valida, aquella que ha estado ahí desde el principio. La conclusión que te dice que por muchos planos que te traces en tu cabeza, no llegaran a construirse, porque probablemente la casa que tu estas imaginando sea en realidad un palacio lleno de jardines o incluso cuatro tablas de madera mohosas en mitad de la playa mas bonita que habías llegado a soñar.

Porque en la vida hay que dejarse llevar y confiar en que lo que pase tendrá que pasar, porque el destino siempre nos guarda lo mejor y porque lo mas bonito de vivir es dejar que la vida nos sorprenda.